Entrada la tarde me dirjo a la oficina; A pesar de ser domingo tengo cierta prisa por llegar y ... algunos asuntos pendientes me hacen apresurar el paso.
Súbitamente me doy cuenta que no tengo sueltos y pagar un pasaje de bus con 10 dólares puede ser un dolor de cabeza.
A unos pasos de mi avisto villa Colombia, una panadería que desde que abrió ha sido igual de grande y próspera, nunca tuvo necesidad de crecer, como digo, siempre ha sido próspera.
Se me ocurre que puedo cambiar el billete comprando una avena polaca (el producto estrella de la panadería, que no es pan ni mucho ménos) y una almojábana, además no se me hace para nada indiferente comerme una o tal vez dos; A decir verdad al no tener con quién compartir la otra me como las dos.
Pero..¿ Cuál es el punto de mencionar que no tengo con quién compartir mis almojábanas?... Es quiza un hecho cotidiano y relevante para mi, el amor me es esquivo y escurridizo aunque mi deseo de compartir mi almojábana es bastante grande.
Mientras me como este manjar, pienso en ¿qué se necesita para escuchar esas palabras mágicas ? pero como es bien sabido, nadie puede aprender a amar.
Así que me acabo mi avena, me acerco al mostrador donde una simpática calentana de acento chibcha montañero me da los sueltos que necesito con dos palabras mágicas que se deslizan espontáneas como peces en el agua....... gracias mi amor; medito un momento corto y sigo mi andar a la parada, a esperar un bus azul.
No hay comentarios:
Publicar un comentario