Impaciente espera en una esquina el bus azúl de siempre con su pelo largo y ondulado, su cara angelical busca la llegada del transporte.
Detrás de ella, un jóven que espera el mismo bus se encuentra con la indiferencia propia de sus pensamientos y vicisitudes.
Los ojos de la dorada mujer lo miran de refilón y se da cuenta que el la mira también, pero de un modo perdido, injustificado y remoto.
Ante la fatiga de ver y entender qué se esta mirando, y no solo contemplando un punto perdido en un suéter anaranjado que es demasiado atavío para el sol quiteño de las 11:30 am aún... Pitos interminables llenan el aire y oidos de los transeúntes de un ruido infernal.
La atención al suéter anaranjado se posa ahora en los ojos de la acalorada jóven, 3 segundos de un intercambio de luz que se rompen con la llegada intempestiva del bus azúl que se abre paso en la maraña de tráfico de la rio Coca.
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